Leamos el siguiente retrato de un buen periodista:


Se mueve con rapidez y sin hacer ruido, hace preguntas concretas, hasta se anticipa a los acontecimientos, a los actos y reacciones cuando es posible hacer tal cosa.

Está enterado de las noticias del día, lee diligentemente los diarios y revistas, escucha los principales noticiarios para estar bien enterado.

Es un hombre que ha recibido buena educación y que lee mucho.

Investiga no sólo lo que ha ocurrido, sino también porqué ocurrió y qué puede esperarse que ocurra después.

Es diligente, sin ser entrometido; penetrante, sin ser ofensivo; persuasivo, sin ser engañador, perspicaz, sin ser adivino; escrupuloso, sin ser pedante; escéptico, sin ser cínico confirmado; minucioso, sin ser un taquígrafo; cauto sin ser vacilante; firme en su propósito, sin ser halagador; de buenos modales, sin ser obsequioso.

Hace mucho más que informar acerca de las noticias.

El periodismo no sería su profesión si se limitara a registrar una cadena de acontecimientos.

Es una de las fuerzas primordiales de nuestra vida cotidiana; una fuerza que trasmite, explica y, a veces, origina el flujo mundial de los acontecimientos y las ideas.

Ejerce una influencia vasta e incalculable sobre la gente que se encuentra dentro del radio de su comunicación. No es ningún semidiós.

Es el periodista del diario que a todos nos gustaría leer


Gracias por visitarnos hoy.