El 99% del tiempo transcurrido desde la aparición del hombre hasta nuestros días corresponde a la prehistoria, es decir, al período en que la organización social era muy rudimentaria y las técnicas muy elementales. Aquellas gentes vivían de la caza, la pesca y la recolección. Sólo al final de ese larguísimo periodo fueron abandonando la vida nómada, se establecieron en asentamientos permanentes y se convirtieron en agricultores, ganaderos, metalúrgicos, e iniciaron los primeros intercambios comerciales.

La reconstrucción de la historia del hombre y su evolución constituyen el objeto de la paleontología, que trata de los vestigios de nuestros antepasados fósiles. En el estado actual de nuestros conocimientos, se puede afirmar que los fósiles más antiguos de nuestros antepasados homínidos se han encontrado en África Oriental, y que se remontan a una antigüedad de 4,5 millones de años. Nuestra especie Homo sapiens sapiens, apareció hace unos 35,000 años.

Durante milenios, el hombre sólo pudo dominar la naturaleza en muy escasa medida (construcción de trampas para cazar, y de represas para capturar peces), fabricó útiles de piedra, que son objeto de estudio de lo que llamamos prehistoria. El estudio de los tiempos prehistóricos comprende tres grandes edades: la edad de piedra, la edad de bronce y la edad de hierro.

En la edad de piedra, los primeros hombres que aparecieron sobre la tierra, emplearon la piedra llamada sílex para hacer herramientas y armas de defensa. En un primer periodo llamado paleolítico, el hombre vivió de pre4ferencia a orillas de los ríos, se dedicaba a la caza por medio de trampas en el suelo, era errante y se trasladaba de un lugar a otro en busca de alimentos.

A lo largo de este extenso período, se produjeron significativos cambios climáticos, cuyas manifestaciones más espectaculares fueron las glaciaciones. Amplias extensiones quedaban cubiertas por hielos y el hombre se refugió en las cavernas para librarse de los rigores de la intemperie y para no ser devorado por las fieras con las cuales tenía que luchar a menudo. Aparecieron entonces las primeras flechas, hechas de madera, hueso o piedra. El arco de la flecha fue siempre de ramas de árboles. También se hicieron en esta época los arpones para la pesca. La vida en las cuevas transformó al hombre, quien se volvió sedentario. Con ello aparecieron los primeros núcleos habitados permanentemente, e iniciaron la agricultura, la ganadería y los intercambios comerciales. En las cuevas se produjo el arte rupestre, en donde dibujaron figuras de animales, como puede verse en las Cuevas de Altamira en España.

Posteriormente desarrollaron la metalurgia de cobre y más tarde la aleación de metales, que le permitió al hombre hacer espadas, cuchillos, corazas y carros de guerra para invadir otros territorios. En esta etapa surgen las primeras ciudades, posiblemente en el Asia Menor, en el territorio llamado Mesopotamia. Aquí aparece la escritura, que permitió transmitir a las generaciones venideras la manera de sentir y de pensar de los hombres primitivos. Con la escritura cambia la historia de la humanidad.

De esa manera se describe la evolución, pero, ¿cuál fue el elemento que permitió el gran salto?

Recuérdese que compartimos el 98% de nuestros genes con los chimpancés. A juzgar por sus esqueletos, esos primeros pobladores que hacían herramientas de piedra, quizá compartían con nosotros el 99.9% de sus genes. Sus cerebros eran tan grandes como los nuestros. El cambio puede haber sido una mutación en sólo el 0.1% de nuestros genes, y puede haber consistido en algunas modificaciones en el aparato vocal de los protohumanos que les dio un control más fino de sus músculos y les permitió formar una variedad mucho mayor de sonidos, que el simple grito. Esas modificaciones pueden haber sido tan sutiles que no se refleja n en los huesos fósiles, y son indetectables para los antropólogos.

Es fácil apreciar como un pequeño cambio en la anatomía, pero que afecta la capacidad de hablar, puede producir un gran cambio en la conducta. Contando con el lenguaje, sólo lleva unos pocos segundos transmitir el mensaje Vete por detrás del árbol y espanta a aquel antílope hacia aquella peña, tras la cual yo estaré escondido, para lancearlo cuando pase. Sin lenguaje es completamente imposible transmitir ese mensaje. Lo que siguió luego fue desarrollar un lenguaje tal como nosotros lo entendemos ahora y un vocabulario.

Faltaba sin embargo , otro elemento para desarrollar la civilización.

La hipótesis aceptada hoy sostiene que cuando los primeros homínidos tuvieron que acostumbrarse a vivir en grupos de familias en las planicies de África, dada su extrema debilidad y fragilidad frente a otros animales africanos, adoptaron una forma de vida colaborativa que los obligaba a ir más allá de la simple actividad innata e instintiva. De manera que para cooperarse mutuamente tuvieron a la vez que desarrollar formas de comunicación, quedando en descubierto que ambas característica humanas, cooperación y comunicación, fueron consustanciales en los albores de la humanidad, es decir, la una sin la otra no puede existir.

Para sobrevivir, los primitivos seres humanos debieron organizarse cooperativamente, es decir, coordinando sus conductas consensualmente. Así, mientras unos cuidaban de las crías, otros cuidaban a la banda avisando de los posibles ataques o peligros externos y otros se dedicaban a buscar con qué alimentarse. Pero para organizarse de esa manera debieron darles significados (mentales) a los sonidos que emitían con la garganta y a los movimientos y gestos que hacían con el cuerpo. Además, debió situar toda esta información con respecto al contexto en que se producía. Esto último se refiere a que un gesto o palabra, hasta el día de hoy, tiene distinto significado según sea el lugar en que se emite: no es lo mismo decir ¡cuidado! cuando se juega a la pelota que cuando se esta de excursión por una montaña o atravesando un río. En el primer caso no implica peligro, en los segundos se refiere a distintos grados de peligro, dependiendo del medioambiente.

Las dificultades de comunicación de los primeros tiempos, cuando la cantidad de significados asignados a la información emitida y recibida era muy limitada, debió haber sido tan difícil y complicada para los primeros homínidos como sigue siéndolo para un niño de dos años, que trata de comunicarse sin poder hacerlo ni entender mucho de lo que pasa a su alrededor. Sin embargo, las presiones del medio ambiente actuó ayudada por la selección natural --los que mejor se adaptaban acrecentaban sus posibilidades de sobrevivencia superando a los demás-- hicieron que los primeros humanos mejoraran su comunicación a la vez que su cooperación (sin que haya una antes que la otra), trayendo como consecuencia el crecimiento de sus capacidades de razonamiento lo mismo que su emocionalidad, que es el otro par de características que operaron al unísono. Sobre las emociones como factor primordial en el ser humano, un psicólogo cognitivo asevera los siguiente: “Nuestro inteligencia, por sí sola, es incapaz de hacernos comprender las situaciones que nos depara un mundo cada vez más cambiante y complicado ... Es evidente que no podemos alcanzar al conocimiento pleno, y mucho menos prever racionalmente los acontecimientos o la simple vida cotidiana ... y la emoción es un mecanismo que nos permite pasar inmediatamente de un estado mental a otro, cambiar nuestras prioridades y retrogradar nuestra acción en función de los hechos”.

Con lo que queda demostrado que la comunicación fue una de las formas más importantes que se desarrollaron como características humanas en los principios de la humanidad porque estuvo y esta en directa relación con la acción colectiva, la expresión de las emociones para sí mismo y hacia los demás y canalizando públicamente el producto de la racionalidad humana. Si no hubiese sido posible acrecentar la capacidad de comunicación de los primeros homínido no habría habido especie humana como hoy la vivimos.

Queda por destacar otro fenómeno interrelacionado: lo que se acrecentó como capacidad de comunicación fue la habilidad mental para conferir significados en común a gestos señas, sonidos de la garganta (que pasarían a constituir palabras) y al uso determinado de algunos elementos del medioambiente como palos y piedras para significar peligro o territorialidad. Así la comunicación es significación desde los orígenes de la humanidad (Con lo que quiero animar a todos los que lean estas líneas a estudiar o conocer la Semiótica).

Es de suponer que en esta época tan primitiva la mayor parte de la comunicación humana debió apoyarse machismo sobre la comunicación no verbal ya que la comunicación verbal estaba en su albores y debió ser muy limitada.

Del paleolítico al neolítico. En el paleolítico también la comunicación entre los seres humanos fue fundamental para su supervivencia ya sea para permitir una mejor cooperación o para superar accidentes y desastres.

Ciertos descubrimientos permitieron especular que los hombres de Neandertal “probablemente tenían un lenguaje rudimentario, conceptualmente pobre pero definitivamente hablado ... hace 50.000 años, repentinamente algo cambió. Nuestros ancestros sufrieron una revolución tecnológica que les permitió fabricar armas más afiladas e inventar lanzas, arco, flechas y otras armas arrojadizas. Nadie sabe por qué ocurrió estos, aunque la teorización más aceptada es que el homo sapiens sapiens finalmente desarrolló un lenguaje complejo, lo que le permitió una mayor transmisión de información y una feroz aceleración en el conocimiento disponible. (Neandertals, el despertar de la humanidad. CONOZCA MAS Nº 4, 1996 -- //Vea también el artículo sobre la Prehistoria [en el Area de Historia o la de Antropología] y los enlaces de prehistoria en esta última área).

Se refiere fundamentalmente a época que va desde hace unos 10.000 años hasta unos 100.000 años atrás o más. Lo que tenemos según los restos encontrados hasta ahora nos dan la imagen de grupos de bandas de cazadores y recolectores, los que si bien aun no se concentraban en aldeas, deben haber ocupado territorios más o menos fijos por los que deambulaban. De esta época de la humanidad son la mayoría de las pinturas rupestres y los grandes monumentos megalíticos esparcidos especialmente por el Noroeste de Europa. Se piensa que mucha de la pintura rupestre esta destinada a expresar sentimientos religiosos y mágicos, posiblemente con carácter propiciatorio: si se pinta un mamut, se espera que la pintura refleje al espíritu de éstos y permita cazarlos con facilidad (propician la buena caza del animal representado). En cuanto a las construcciones megalíticas, muchas de ellas sugieren calendarios que mediante la lectura de la sombra del sol indicaban cuándo terminaba un años y comenzaba otro, en el solsticio de invierno. También muchos megalitos estaban destinados a servir de altares de rituales religiosos porque su ubicación no esta en relación ni con el sol ni con otras formas como los puntos cardinales.

Es de suponer que en esos tiempos la comunicación no solo se refería a las formas habladas, sino que, otras formas como tipos de adornos corporales, arreglos o adornos especiales en las armas e instrumentos musicales, etc. tiene que haber tenido significados especiales que implicaron mensajes hacia otros grupos o dentro del clan. Algunos antropólogos sostienen que incluso el intercambio de especies, animales y mujeres fueron a su vez formas de comunicación entre los pueblos primitivos. En tiempos recientes muchos pueblos se intercambian regalos en fiestas ceremoniales que podían durar varios días. En esas fiestas rituales, quienes son invitados, la forma en que llegan y se comportan lo mismo que la forma en que el anfitrión recibe a sus huéspedes, todo es “leído” por la comunidad en la forma de mensajes de amistad o agresión. Un regalo lo mismo puede ofender que indicar aprecio, todo depende del contexto en que se entrega. Del mismo modo, también hay una fuerte necesidad de comunicarse con el mundo de los espíritus, por la importancia que se le da para convivir con el resto de la naturaleza. Se supone que las primeras bandas de homo sapiens sapiens -el hombre actual-- eran bandas de recolectores, es decir, que sobrevivían exclusivamente de lo que recogían en el medioambiente, sin ser capaces de cazar piezas de tamaño significativo. Con el paso del tiempo estas bandas de recolectores pudieron mejorar su cooperación y formas de comunicación de manera que pudieron organizarse para cazar piezas de gran tamaño, permitiendo con ello que los primitivos grupos de tamaño familiar se agrandaran hasta el clan, que son varias familias unidas por lazos de descendencia común. Es posible que con el tiempo aprendieron a domesticar animales hasta llegar a convertirse en sociedades nómadas de pastoreo. Estos cambios de por sí implican mayor organización social, mejoramiento en los elementos técnicos usados para sobrevivir y mayor dominio de los medios que ofrece la naturaleza, en suma se refiere a una mejor forma de cooperación social. El mejoramiento cualitativo en las distintas formas de comunicación usadas en esos tiempos corre parejo con los cambios en colaboración y trabajo, ya que a mayor complejidad de actividades humanas colectivas, corresponde una mayor complejidad de los conjuntos de significación usados para el entendimiento mutuo.

Cuando las bandas dieron paso a las tribus nómadas, los rituales para entenderse con la naturaleza pidiéndole que fuese generosa o para aplacarla en tiempos de desastres, se hicieron mucho más complejos, requiriendo de lenguajes especiales, conjuntos de actividades ceremoniales colectivas y ropajes y comidas ceremoniales con simbolismos propios del momento, todo lo cual implica diferentes formas de comunicación vivenciadas de distintas formas. También hay que destacar que en la medida que las tribus se fueron haciendo más grandes y más fuertes creció la importancia del lenguaje hablado hasta quedar en primer término en las formas de relacionarse.

Se supone que el siguiente paso fue la formación de aldeas en torno a sembradíos cuando las primeras tribus nómadas lograron domesticar algunas plantas comestibles. Sin embargo hoy día también se piensa que las primeras aldeas pudieron ser lugares de trueque o comercio al formarse en torno a lugares de paso importantes por su naturaleza, especialmente por sus facilidades de agua y pastos par el ganado. Allí, aunque las tribus pudieran estar en movimiento, se organizaban encuentros seguramente con festividades rituales, pero también para el intercambio de productos. Este podría ser el caso de Katal Ayiuk en Asia Menor. Lo cierto es que una vez que los seres humanos se asentaron para cuidar los sembradíos, debieron organizar sus aldeas en torno a varios objetivos simultáneos: de administración, para organizar la distribución de alimentos, especies y bienes, incluyendo alguna forma de policía y de defensa, ya que una ciudad debió ser presa deseada para las bandas nómadas de sus alrededores. Debió organizar la expresión de sus creencias religiosas, etc. Todo lo cual significó que se debieron acrecentar las formas de comunicación cuantitativa y cualitativamente, hasta llegar a crear la escritura y sistemas numéricos, un aporte que le debemos fundamentalmente a los Sumerios, incluyendo sistemas de pesas y medidas.

En suma la llegada de la civilización significó desarrollar una mayor capacidad de coordinación de grupos humanos mediante mejores formas de cooperación y coordinación en lo administrativo, legal, religioso y militar. Note que la civilización no sería posible sin sistemas de comunicación.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Editorial Sol90. Historia Universal. Barcelona. 2002
Grimberg, Carl. Historia Universal. Sociedad Comercial y Editorial Santiago Limitada. Chile 1987.


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